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sábado, 20 de abril de 2013

YO ME DEPILÉ EN LA REPÚBLICA CHECA

Llega un momento en la vida de toda chica que está lejos de casa, en que debe enfrentarse a sus propios condicionamientos culturales.
La depilación es un tema central para las argentinas.
Pasamos tardes enteras hablando con nuestras amigas sobre accidentes y pesares, recomendamos nuevos sistemas, nos sometemos al dolor y al peligro de distintos métodos para deshacernos del pelo no deseado.
Consultamos con desconocidas, damos recomendaciones a mujeres que nunca vimos antes, ni volveremos a ver. Aceptamos procedimientos no aprobados por la organización mundial de la salud.
Venderíamos el alma al diablo para que no vuelva a crecer el pelo.
Y nunca, nunca, quisiéramos que alguien preguntara qué seríamos capaces de hacer para no depilarnos mas, pues no sabemos hasta donde llegaríamos.


El rostro de la fatalidad

lunes, 8 de abril de 2013

EN LAS CALLES DEL HOMBRE QUE SE VOLVÍA INSECTO

Mencionar a  Praga es pensar indefectiblemente en la historia de multiculturalidad convergiendo en una urbe muy pequeña, es pensar en literatura, en arte y por supuesto en las vicisitudes del pueblo judío.
Por eso, después de ver el sol de una nueva mañana checa, fui directo al sitio que, a partir de la edad media, se conformara como gueto judío en la ciudad: Josefov.

Sinagoga Maisel

miércoles, 20 de marzo de 2013

SOÑAR CON EUROPA, DESPERTAR EN BOHEMIA

¡Que hermoso amanecer en Praga!
Mientras me preparaba un gran desayuno, y tomaba prestada de la heladera un poco de mermelada para mis tostadas, decidí cual sería la visita del día: el castillo.
Salí del hostel sin ninguna prisa, la mañana me dejaba ver el esplendor de la ciudad.
De pie en la Plaza Wenceslao y con el sol golpeándome la cara empezó el día. 


La Plaza Wenceslao, vista desde el museo nacional

viernes, 8 de marzo de 2013

ESTOY VESTIDA PARA PRAGA

La última vez que miré a Budapest, mis párpados se sentían  pesados por el sueño.
Las calles estaban vacías, iluminadas por el primer sol de la madrugada, con el que yo había amanecido para seguir viaje a Praga.
Muy lejos de esos trenes veloces, puntuales y confortables que son marca registrada del viejo continente, o de los míticos vuelos super baratos que proveen las líneas aéreas de bajo costo, yo seguía viajando en autobús.
Vivir en un país tan grande como Argentina hace que sus habitantes estemos acostumbrados a viajar muchas horas por tierra. Y yo no me iba a amedrentar por hacer un tramo de 530 kilómetros en seis horas y media. Especialmente cuando el costo de ello es de veintidós euros.
Tenía tiempo, ganas de ahorrar y estaba de buen humor a pesar de que el horario de salida era a las siete de la mañana desde un rincón gris y soviético de la ciudad: la terminal de la empresa Orangeways, en las puertas del estadio Albert Florian


Este blog le debe mucho a los autobuses