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lunes, 25 de noviembre de 2013

BORN TO DIE IN BERLIN

Hace un par de semanas estaba en la casa de mi amiga Carolina, y leí en voz alta algunos párrafos de un libro que aún no terminé, pero me encanta. Ella hizo lo mismo cuando eligió, con mucho acierto, unos fragmentos muy interesantes.
Si algo nos gusta mucho queremos darlo a conocer para compartir el placer que nos produce: hacemos sonar canciones, recomendamos esos lugares que nos parecen imprescindibles, regalamos ese libro esencial, o como en el caso anterior, directamente lo recitamos en voz alta.

Las chicas leíamos, como en el cuadro de Breyer
Fuente

lunes, 2 de septiembre de 2013

LA PANDILLA - PARTE II

(Viene de aquí) Ante el ofrecimiento de la adorable finlandesa, -a quién recién conocía- y como era Francesco quien me había presentado a todos, le pregunté a él si estaba bien irme unos días a lo de Pilvi, o la propuesta era sólo producto del entusiasmo de un viernes por la madrugada. Él fue muy claro: "Pilvi es la mejor, si te invitó a su casa, podés ir sin problemas".
Y así lo hice. Dejé el horrible hostel "Santa Monaca", y llegué a lo de mi nueva anfitriona, que me recibió con una sonrisa y el almuerzo listo.
Acomodé las pocas pertenencias que llevaba conmigo, y, si obviamos algunos detalles, se podría decir que, técnicamente, ya estaba viviendo en Europa.


Tercer hogar fiorentino, el mejor, en la
Via Santa Reparata

lunes, 8 de abril de 2013

EN LAS CALLES DEL HOMBRE QUE SE VOLVÍA INSECTO

Mencionar a  Praga es pensar indefectiblemente en la historia de multiculturalidad convergiendo en una urbe muy pequeña, es pensar en literatura, en arte y por supuesto en las vicisitudes del pueblo judío.
Por eso, después de ver el sol de una nueva mañana checa, fui directo al sitio que, a partir de la edad media, se conformara como gueto judío en la ciudad: Josefov.

Sinagoga Maisel

viernes, 8 de marzo de 2013

ESTOY VESTIDA PARA PRAGA

La última vez que miré a Budapest, mis párpados se sentían  pesados por el sueño.
Las calles estaban vacías, iluminadas por el primer sol de la madrugada, con el que yo había amanecido para seguir viaje a Praga.
Muy lejos de esos trenes veloces, puntuales y confortables que son marca registrada del viejo continente, o de los míticos vuelos super baratos que proveen las líneas aéreas de bajo costo, yo seguía viajando en autobús.
Vivir en un país tan grande como Argentina hace que sus habitantes estemos acostumbrados a viajar muchas horas por tierra. Y yo no me iba a amedrentar por hacer un tramo de 530 kilómetros en seis horas y media. Especialmente cuando el costo de ello es de veintidós euros.
Tenía tiempo, ganas de ahorrar y estaba de buen humor a pesar de que el horario de salida era a las siete de la mañana desde un rincón gris y soviético de la ciudad: la terminal de la empresa Orangeways, en las puertas del estadio Albert Florian


Este blog le debe mucho a los autobuses