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lunes, 25 de noviembre de 2013

BORN TO DIE IN BERLIN

Hace un par de semanas estaba en la casa de mi amiga Carolina, y leí en voz alta algunos párrafos de un libro que aún no terminé, pero me encanta. Ella hizo lo mismo cuando eligió, con mucho acierto, unos fragmentos muy interesantes.
Si algo nos gusta mucho queremos darlo a conocer para compartir el placer que nos produce: hacemos sonar canciones, recomendamos esos lugares que nos parecen imprescindibles, regalamos ese libro esencial, o como en el caso anterior, directamente lo recitamos en voz alta.

Las chicas leíamos, como en el cuadro de Breyer
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sábado, 7 de septiembre de 2013

EL PRIMER MES

Me despedí definitivamente de Italia una tarde lluviosa, luego de perder un tren en las estación Rifredi de Florencia, y de soportar una demora de dos horas en el que abordé tres horas después. Debido a un pasajero desequilibrado, hubo que frenar en una estación cerca de Reggio Emilia  y esperar a una ambulancia. Entregada a los contratiempos que me siguieron desde que había decidido regresar, y sin ánimos de lamentarme por el atraso que en total fue de cinco horas, me hice amiga de mis compañeros de carroza, con quienes nos contuvimos en la espera, compartimos historias, y se ocuparon de que llegara a salvo a mi hostel, a medianoche. La Gente seguía ahí cuando la necesitaba.

Horas esperando en la carrozza
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domingo, 24 de febrero de 2013

¿A DÓNDE VAN LAS BUENAS CHICAS?

Ya mencioné que en Budapest me sentí muy a gusto, y por eso me quedé un día mas de lo planeado.
Con mi adorable compañera, no nos separamos un solo momento. Cada descubrimiento lo hicimos juntas.
Una charla muy corta nos había alcanzado para tomar la decisión de unirnos y seguir adelante en Hungría, y creo que tuvimos suerte, o al menos yo se que la tuve.
No resulta sencillo acordar con personas totalmente desconocidas (y culturalmente distintas a uno), pero cada encuentro concebido por el azar traería cosas buenas.
Y yo, no dejaría de pensar un solo día en la cuestión de las coincidencias. 
Gente conociéndose y despidiéndose todo el tiempo.
La mañana del cuarto día nos encontró decidiendo el rumbo de la fecha.

¿A dónde ir?

miércoles, 21 de noviembre de 2012

PARÍS ORIENTAL

La última noche en Bratislava me encontraba llena de ánimo.
Era el fin de un buen día, y aún quedaba mucho por hacer: lavar ropa por primera vez en dos semanas, tomar un pequeño descanso, buscar un sitio para comer, conversar un poco con algunos de los jóvenes viajeros y seguir conociendo a Ana al mismo tiempo que averiguábamos cómo seguir viaje juntas.
Mientras la esperaba en el living aprovechando que el servicio de internet era sin cargo,  leía un nuevo correo electrónico de mi amigo Federico, que decía esto:


Bueno, hace un par de semanas que estás viajando y aún te quedan como veinte países por recorrer. 


Es genial recopilar la información que uno deseó juntar a lo largo de los años, en dos meses.

El viaje es como Cuevana: antes tenías solo un canal de TV y ahora tenes todas las películas del mundo. Calculo que todo se empieza a disfrutar después de un par de semanas. 

Y como en Cuevana, hay que dejar la película a la mitad si no te gusta. 
Hay miles de sitios, y muchas ciudades. Un país puede tener cosas muy variadas: Pinamar y San Martín quedan en la misma provincia, ¿no?

Cuidado en Bratislava. No se ni dónde es. 


Bratislava: aquí estoy, amigo mío.

Tenés que ser precavida en Hungría, Rusia y los países raros para andar sola. Creo que su producto mas típico es la trata de mujeres, de modo que tendrás que ser cautelosa. 
¿Que pasa con los hostels ahí? Mantenete alerta!
Lo importante es estar atento a los detalles: si las personas que conoces son fanáticas del cine de terror o algo extraño, no los acompañes a comer. Si tienen picaduras en los brazos  o remeras de Slayer, no vayas. La mayoría de la gente es lo que parece. Pensá en todos y cada uno de tus amigos y conocidos. 
Y cuidado con las drogas. En Europa no es chiste. 





jueves, 1 de noviembre de 2012

UN PASO AL ESTE

Antes, durante y después del viaje, todos señalaban el mismo punto: haberlo hecho sin compañía.
Para algunos resultaba épico, para otros imposible. Me hablaban de coraje, de miedo, de admiración.
A mi no me parecía algo extraordinario, y por varios motivos, me resultaba el único modo de hacerlo: se trataba de estar fuera muchos días, los costos son elevados,-entonces no podemos proponer a cualquiera "vayamos un par de meses a Europa"-, y porque después de varios años viviendo sola perdí la capacidad de consultar, ceder y acordar con un tercero.
Definitivamente era una experiencia de una vez en la vida y no iba a negociar nada.
Ya en el camino, me dí cuenta lo sencillo que era moverse. Me sentía segura, con muchas opciones a mi alcance, lo que hacía que pudiese trazar mi ruta de forma fluida. Lo abrumador había sido planearlo todo desde Argentina, cuando no sabía con qué me iría a encontrar, y los pensamientos extraños se apoderaban de mi mente dispersa. Entre esas cosas que tuve en cuenta antes de salir, estaba la ropa.


El mejor consejo: abrazarse a la almohada y comprar
 un boleto para irse lejos

lunes, 17 de septiembre de 2012

LA CENA, LAS CANCIONES Y LA GENTE

Ya era un hecho que no quería irme de Firenze.
Eso, sumado a que mi compañero dejaba la ciudad para ir a Venecia, me produjo una ligera sensación de melancolía.
Pero aún podía sentir la calidez del día en la piel, y armé mi plan para la jornada: el punto fuerte sería visitar La Accademia.
Vería al David de Michelangelo, y eso, en términos de mi frenesí renacentista, era una cita.
¿Estaba yo por conocer al hombre de mi vida?
¿O solo empezaba un camino que me conducía directo a la insanía?
Mi paso por la ciudad no podía medirse en términos de cordura. 
Solo decidí prepararme para el momento.
Dado que no estaba comiendo muy bien, tomé un merecido almuerzo frente a Santa María Novella y me acomodé para seguir.




martes, 28 de agosto de 2012

ARRIVEDERCI FORRA

Algo que sucede en Roma, es que, por el enorme caudal de visitantes, es posible pasar el día entero sola, pero en los lugares de hospedaje circula tanta gente, que hasta se puede elegir la compañía.
Por eso, la última noche reuní a dos chilenas y dos estadounidenses a quienes dirigí a un comedero de bajo presupuesto llamado Pastarito, en donde por 2.50 comí una bruschettas geniales con salmón y queso ahumado. El resto del grupo estaba feliz por la relación precio - calidad.

Frente a San Giovanni in Laterano, el modesto
Pastarito cumple. Sin pretensiones.
Había sido un buen día gastronómico. Durante el almuerzo en la Vía Cavour cambié mi opinión sobre la pizza, probando dos variedades deliciosas :

En la Via Cavour 279, amé la pizza
y el calzone italiano