lunes, 30 de septiembre de 2013

DOS DÍAS EN LA VIDA

Dispuesta a dejar atrás el tedio del día anterior, empecé mi segunda jornada en la Gemäldegalerie alte meister o galería de los antiguos maestros.
En casi todas las ocasiones en las que fui a los grandes museos, lo hice por la mañana. En cada visita estuve varias horas de pie haciendo mis recorridos, y ese es el único momento del día en el que el cuerpo soporta con comodidad este tipo de visitas.
Sin dar vueltas, fui directo al ala Semper del Palacio de Zwinger, y entré acompañada por mi querida amiga, la audioguía.


Los mejores amigos de una chica
no necesariamente son los diamantes

Fuente


Otra vez vuelve a perder sentido cualquier intento de describir la satisfacción y el goce personal de estar entre cientos y cientos de obras extraordinarias. 
Mientras paseaba entre Vermeer, Rembrandt o Giorgione, en mis auriculares escuchaba sobre los rumores y sucesos de la época, como el encargo que hizo Augusto III -el mayor coleccionista del patrimonio del museo- de los costosos marcos para cada una de las pinturas (alrededor de setecientas), con su insignia tallada:


La única imagen que pude obtener.
Las fotos están prohibidas

Fue este príncipe quien realizó complicadas negociaciones para llevar desde Italia una pintura de Rafael. Llegó a solicitar la intervención papal. Pagó una cifra descomunal para conseguirlo. Dicen que cuando llegó a la ciudad la transportó él mismo gritando "¡Hagan lugar para el gran Rafael!" Y la historia terminó justificando su obstinación: la Madona Sixtina es la estrella del museo.


 Madona Sixtina
Fuente

Hoy son los angelitos que están a los pies de la virgen quienes se volvieron muy populares por derecho propio, pero el enorme cuadro es mucho mas que eso.
Haber terminado el increíble recorrido frente a una madona que parece dispuesta a pasar del plano celestial al terrenal, irradiando luz y dulzura, fue en gran parte la respuesta al por qué de mi visita a Dresden.


Los famosos y tiernos angelitos
Fuente

Después de tanto tiempo ahí dentro, salí lista para almorzar.
Creo que fue ese día cuando empecé a sentir una necesidad irrefrenable de comer.


Camarones fritos en Nordsee

Hay una cadena alemana de comida rápida especializada en pescados que se llama Nordsee. Ahí me decidí por un menú poco saludable, usando como excusa que en Argentina no hay de esos. 
Ya sin pretextos para estar quieta, volví a las calles y fui directo a la Iglesia de Nuestra Señora (Frauenkirche)


A mis espaldas, la iglesia por fuera

También destruida en el mencionado bombardeo, es uno de los templos luteranos mas importantes que existen.


Y por dentro: el altar mayor

Es un edificio luminoso, con muchísimos detalles elaborados con gran delicadeza:


Un acercamiento del altar

Y mucho dorado

La tarde en tierras reformistas fue pasando mientras pensaba que basta con pasear un poco para presenciar una clase magistral de arquitectura, sorprenderse con detalles primorosos y encanto artístico.

Orgullo luterano

Pero por sobre todas las cosas, Dresden se me presentó como muestra de lo mas repudiable y  también lo mas noble de las personas. Es ejemplo del daño sin límites que el hombre es capaz de causar, y al mismo tiempo expone hasta que punto es posible empezar de nuevo, renacer, seguir adelante, y mantener la memoria.

Brillo ecuestre para Federico Augusto II

Los pensamientos iban y venían. Me preguntaba por el destino de la humanidad, pero también me provocaba una gran curiosidad saber como son capaces de mantener tan brillante un monumento público. O cuál es la idea que tienen algunos alemanes sobre la moda italiana:


Las tendencias en Sajonia

Y como no pude hallar mi nombre, volví al hostel, en donde me sorpendí cuando encontré a un compañero de habitación.
El silencio de dos días fue interrumpido, y con mi colega australiano (cuyo nombre o aspecto no recuerdo), descubrí que en no solo había muchos mas huéspedes, sino que en el último piso había un bar con terraza.

En Alemania no hay Lucías

Desde ahí vi una parte de la ciudad al atardecer, y nos pusimos de acuerdo para ir a cenar.
El barrio al que fuimos era bastante oscuro y parecía confirmar la falta de actividad, pero no podría decir a ciencia cierta en donde estuve. Lo bueno fue que conseguimos comida árabe/turca deliciosa a muy buen precio.
Como siempre pasa algo, mientras viajábamos en un bus de regreso, subieron dos inspectores y pidieron boletos. Yo había sacado el mas barato, de 1.20, y el australiano hizo lo mismo. No sabía a que respondían las tarifas, pero ellos me dieron la respuesta cuando hicieron que me parara y me pidieron documentos: pagamos boletos para menores.


Para amenizar el relato: una fachada que me encantó,
pero nunca supe qué es ese edificio

Cuando los escuche hablar entre ellos y vi que hacían "no" con la cabeza me puse nerviosa y sentí un poco de miedo. Les dije que no sabía que era un boleto para niños, aclaré con la voz temblorosa que era turista, pero para variar yo no tenía mi pasaporte (ya se que es estúpido, pero nunca lo llevo para no perderlo).


Problemas en el DVB de Dresden

Afortunadamente estos inspectores hablaban inglés y los documentos argentinos se ven fiables. No tuvieron problema en aceptar el mío. Usaron mis datos para ingresarlos en una maquina y emitieron un ticket. Nos aclararon que era una advertencia. Si volvía a suceder algo así nos multarían.
Con las piernas temblando bajé. Estábamos muy cerca y llegamos caminando.
Una vez mas, todo estaba bien, las cosas se acomodaban y podía sentir que no iban a suceder cosas malas, por mas que yo no pudiera pasar ni dos días sin arriesgar al menos un poco mi suerte.





 

7 comentarios:

  1. A mí me pasó lo de los billetes del autobús en Roma, sencillamente no sabíamos dónde se sacaban y nos subíamos y bajábamos sin comprar nada... menos mal que no nos pararon ni una vez!

    María Cañal B. o www.mystoriesproject.blogspot.com

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  2. No sabia que esos angelitos estan en Dresden, son super simpaticos y picaros :) Que gran hallazgo!

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    1. La humilde misión de difundir...
      Beso Ana!

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  3. Un post como este me hace replantearme el hecho de no sacar fotos en mis viajes, aunque sea a Las Toninas.
    "El mundo no puede corregirse, la fuerza mayor indica que el derrumbe es inevitable", dijo Mario Santos en "Los Simuladores", y yo me creo todo lo que dicen en TV.
    Excelente campaña alemana de desprestigio de la moda italiana, mejor imposible.
    Linda experiencia la del colectivo, sobretodo para querer ir caminando a todos lados.
    Un beso.
    PD: Siempre quise llamarme Manfred Klaus Rodríguez.

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    1. Yo no solamente creo todo lo que dicen en TV, sino que prácticamente no conozco otra verdad.
      Y creo que podrías ser un buen Mariann Augustus Rodríguez.

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