sábado, 7 de septiembre de 2013

EL PRIMER MES

Me despedí definitivamente de Italia una tarde lluviosa, luego de perder un tren en las estación Rifredi de Florencia, y de soportar una demora de dos horas en el que abordé tres horas después. Debido a un pasajero desequilibrado, hubo que frenar en una estación cerca de Reggio Emilia  y esperar a una ambulancia. Entregada a los contratiempos que me siguieron desde que había decidido regresar, y sin ánimos de lamentarme por el atraso que en total fue de cinco horas, me hice amiga de mis compañeros de carroza, con quienes nos contuvimos en la espera, compartimos historias, y se ocuparon de que llegara a salvo a mi hostel, a medianoche. La Gente seguía ahí cuando la necesitaba.

Horas esperando en la carrozza
Fuente


Regresé a Praga para continuar. Era momento de seguir adelante en dirección norte. Volví un día mas, a buscar mi equipaje y llegué a la ciudad en una jornada particular: el día internacional del trabajo. Un feriado mundial con toda la actividad detenida, excepto por una manifestación que se distribuía en las calles céntricas:



En muchas ciudades europeas se conmemora ese día con protestas "programadas", algo así como un acuerdo tácito entre las fuerzas represivas y los manifestantes, donde estos últimos se descontrolan en un marco de limitaciones establecidas y conocidas.
Aunque no entendía lo que decían los carteles ni las consignas que gritaba la gente, creo que esta no fue la excepción a lo que sucede año tras año.


Fuck the police en Praga
Mas allá del amontonamiento y los policías vigilando todo, no se percibía un clima de tensión peligrosa, pero ya había estado un buen rato entre los manifestantes.
La tarde estaba increíble, y fui al parque Vyšehrad a disfrutarla.

Vista de Praga desde Vyšehrad


En ese lugar, conocido también como la "colina embrujada" viví un adelanto del verano. 
Con la temperatura mas alta que me había tocado hasta entonces, no me pareció entraño que las chicas sacaran al sol sus pieles del color de la aspirina:


Bikini Praga

Acompañé mi paseo con una salchicha que tuve que elegir al azar, de una lista que por supuesto, no entendía:

Parrilla checa

Me recosté a almorzar y a refrescar un poco el cuerpo sobre la hierba fresca. Había gente por todas partes, y me gustaba escuchar esos sonidos checos mientras miraba el cielo despejado.


El almuerzo frente a la iglesia de San Pedro y San Pablo

Ya mencioné muchas veces lo mucho que me condicionan los factores climáticos.
En un continente meteorológicamente rebelde, le saqué provecho a la hermosa tarde, pues nunca se sabe en qué momento empezará a hacer frío o a llover.
Sin llegar al punto de las chicas en bikini, ese día salía a la calle en havaianas, y no me avergonzó ser la única persona en la ciudad con ese calzado


Y tampoco me avergonzó usar ese vestido, ni haber
posado para esa foto. El sol me pone bien 

Me despedía de Praga, y me hizo bien que fuera en un día tan bello.
Estaba completando mi primer mes de viaje, y todo lo que me había sucedido hasta entonces había sido mucho mas increíble de lo que había imaginado. 
El próximo punto era el sur de Alemania y me hacía ilusión dar un paso mas, y averiguar si la buena fortuna seguiría acompañándome.

En la estación, esperando el tren a Dresden






4 comentarios:

  1. Vayamos a Alemania entonces :) Alla también hay salchichas desconocidas jaja!

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    1. Si, vamos siguiendo "la ruta de la salchicha".

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  2. Toda manifestación es controlada mientras lo que este en juego no sea el hambre, y si de caos se trata los europeos saben hacerlo sin demostrar obscenidad.
    Me es inimaginable la situación de elegir una salchicha "misteriosa" en una parrilla checa, aunque si alguna vez comiste en la costanera no hay estómago que tema.
    Despedirse de Praga para ir a Alemania, buena manera de mitigar la melancolía turística.
    Un beso.

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  3. Cuando uno ha nacido en un lugar donde las manifestaciones son parte de la vida y urbana (y de las que también hemos participado) y en donde hemos comido choripanes de calidades y procedencias muy variadas, nada de esto sorprende, resulta llamativo o mucho menos asusta. Inevitable presumir un poquito de argentinidad.

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