viernes, 8 de marzo de 2013

ESTOY VESTIDA PARA PRAGA

La última vez que miré a Budapest, mis párpados se sentían  pesados por el sueño.
Las calles estaban vacías, iluminadas por el primer sol de la madrugada, con el que yo había amanecido para seguir viaje a Praga.
Muy lejos de esos trenes veloces, puntuales y confortables que son marca registrada del viejo continente, o de los míticos vuelos super baratos que proveen las líneas aéreas de bajo costo, yo seguía viajando en autobús.
Vivir en un país tan grande como Argentina hace que sus habitantes estemos acostumbrados a viajar muchas horas por tierra. Y yo no me iba a amedrentar por hacer un tramo de 530 kilómetros en seis horas y media. Especialmente cuando el costo de ello es de veintidós euros.
Tenía tiempo, ganas de ahorrar y estaba de buen humor a pesar de que el horario de salida era a las siete de la mañana desde un rincón gris y soviético de la ciudad: la terminal de la empresa Orangeways, en las puertas del estadio Albert Florian


Este blog le debe mucho a los autobuses

Esperando mi turno para subir, mientras hacía la fila, en silencio me despedía de la ciudad magyar, con cierto abatimiento por de irme de un lugar en el que había pasado días felices, pero con la ilusión que me hacía pensar en el siguiente destino. Cuando esos sentimientos encontrados se ponían en orden, empezó a sonar ésta canción de la estupenda Beth Gibbons. Acomodé mis auriculares la segunda vez que sonó el estribillo: "haz lo que tengas que hacer/no me malinterpretes/sabes que no tienes que preocuparte por mí/ yo lo haría de nuevo". Escuchar aquella voz termino de elevar mi espíritu, mi ánimo para continuar.
Ese día era el cumpleaños de mi tío Diego, quien no solo me regaló hace años ese disco, sino que tenía mucho que ver en mi viaje. También gracias a él, estaba a punto de ir a la República Checa.
Estar lejos de casa hacía que las personas amadas se me presentaran permanentemente en distintos modos, y esa mañana la figura de Diego lo hizo en forma de canción.
Pero no todo era música suave y pensamientos nostálgicos.
Durante las horas de viaje me entretuve mirando el camino, tomando capuccinos de cortesía, recostándome en los dos asientos porque no tenía acompañante y riéndome a carcajadas con "Due Date" mientras el resto descansaba.

El placer de acompañar un viaje de categoría, con
películas refinadas


Ya con los pies en la ciudad, y después de pelear nuevamente con la numeración en las calles, fue una sorpresa descubrir que el Hostel Orange, además de tener una excelente ubicación en Vaclavske namesti (Plaza Wenceslao, en el centro de Praga), tenía buenas instalaciones, limpieza impecable y estaba muy cuidado.


La suerte de poder descansar en un sitio agradable

Perfecto: después de viajar desde tan temprano sin haber dormido, necesitaba descansar un poco. Aproveché para conversar con los huéspedes, ponerme al tanto sobre algunos asuntos checos y reunir fuerzas para salir.
Era un poco tarde para planear algo concreto. Ideal para caminar porque sí y dedicarme a una de mis actividades favoritas: la exploración urbana.
Mis pasos me llevaron a una librería. Ya conté que la lejanía con el idioma me resulta atrapante, y fui a ver como era el mundo que conocía yo, pero en checo.

DeLillo: "Perro Sarnoso"

Scott Fitzgerald: Historias de
 la era del Jazz
Al principio sentí un poco de vergüenza fotografiando las estanterías, pero no parecía importarle nadie, y el lugar estaba prácticamente vacío. Seguí con lo mío.

Kerouac: "En el camino"
Disfruto mucho los paseos por las librerías, pero ahí me sentí especialmente alucinada. Cada vez que veía un título decía para mí misma "Mira esto!". 

Hornby: "Todo por una chica"

Ésta era fácil: "El principito"

Sí: me animó locamente algo tan simple como eso. Pero de algún modo, estaba viendo todo eso por primera vez. Me sorprenden y cautivan esa clase de cosas, como ver la traducción a otra lengua de algunas de las cosas que me apasionan.


Bukowsky: no pude dar
con el título de éste
Lo cierto es que estaba ahí para algo en particular. No muchos argentinos están traducidos al checo. Pero él es uno de los mas grandes de las letras, era evidente que iba a encontrarlo. Fui a preguntarle especialmente a un vendedor (que jamás me entendió), y revisé hasta que lo ví:

Borges: "El informe de Brodie"-"El libro de arena"-
"La memoria de Shakespeare"
Iba a poder mostrarle a mi amigo Federico, que adora pensar en cómo sería nuestra contracara o los universos paralelos, que en ese lugar del mundo, con tantas consonantes y tildes, hacen y aman lo mismo que nosotros.
Pero afuera me esperaba una de las ciudades mas hermosas de Europa. Todo daba testimonio de ello:

En las puertas del Instituto de economía
La gótica Torre Jindřišská

Detalle del muro de un hermoso edificio
en Staré Město (Ciudad vieja)
No había ningún plan, no miré lo que decían mis notas sobre las atracciones de Praga. El único propósito era andar, y ver  lo que seguían ofreciéndome las calles, había de todo:

¿Quejas? ¿Reclamos? Algo sucedía en
la Plaza Wenceslao

El horror infinito de la guerra

Aparentemente, 2012 fue el año
de la marihuana

Música...
...y Comunismo, para no perder
la costumbre
Empezaba a atardecer, y todo se veía mas hermoso, aunque pareciera imposible que eso sucediera. El aire se enfriaba y se iban dibujando algunas postales de la ciudad:

La parte superior de la Iglesia de Tyn

San Wenceslao

Y la torre de la pólvora

Tanta satisfacción, sumada a la caminata y la temperatura que descendía, me dieron hambre. Está llenos de puestos de comida que ofrecen uno de los alimentos mas típicos y accesibles (alrededor de dos euros la pieza): salchichas.




Una vez mas, la diferencia idiomática me ponía a prueba. Imposibilitada para hacer cualquier consulta, señalé con el dedo una de las variedades. 
Resultó ser bastante picante, de sabor muy fuerte, súper condimentada. Como las que usamos en Argentina para hacer a la parrilla, pero mucho mas intensa para mi paladar. Ademas era muy grande. Pero soy una chica ruda, mi estómago también lo es: me senté y con tranquilidad la terminé.

Con el mapa en la mano, traté de regresar al hostel, pero no podía encontrar el camino.
El trazado irregular de las calles me hacía las cosas un poco difíciles. Miré en distintas direcciones, pregunté y seguía sin rumbo. Por un rato estuve extraviada y me sentí un poco nerviosa, hasta que me di cuenta que estaba perdida en uno de los lugares mas hermosos que conocí.

Praga, y sus irregulares calles

Los malos hábitos no me abandonaban. En Budapest había comprado los cigarrillos mas baratos de Hungría. Encendí uno, deje a un lado el mapa, los nombres de las calles y me senté a estar en la ciudad, vivirla tanto como pudiese, y nada mas.


Desafiando a la salud con el mas barato
de los tabacos húngaros

Tardar un poco mas de lo esperado en encontrar el camino de vuelta no importa demasiado cuando en torno a vos todo se ve espléndido. De hecho, por un momento pensé en que no estaría nada mal que las horas se detuviesen al menos un poco y yo quedara envuelta en medio de este lugar: 













7 comentarios:

  1. Uno no se da cuenta cuan acostumbrado esta a las grandes distancias hasta que va a un pais chiquito, donde todo te parece cerca pero para los del lugar es el traste del mundo.

    Me dieron ganas de probar esos panchos :)

    Que linda que es Praga! Algun dia ire.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ana,mirá como será lo de las grandes distancias, que en un momento alguien me dijo "Argentina no es un país, es un continente".
      Praga es soñada y esos panchos son un desafío.

      Eliminar
  2. Si es que hay tantos sitios que me quedan por conocer... ¡y con post así, más!

    ResponderEliminar
  3. Hasta 800 kilómetros conviene el micro o tren, para más ya no hay con que darle al avión. Igualmente creo que en tu lugar hubiera elegido algún tren traccionado por locomotora, aunque entiendo que el dinero hay que exprimirlo hasta lo último, pero mi historia familiar ferroviaria me lleva a los rieles.
    Sin dudas el viaje vale la pena si uno se encuentra con esas salchichas a solo dos euros, aunque en las librerias praguenses tengan a Borges por sobre best sellers como Luisito Ventura o Viviana Canosa, un insulto.
    Que suerte tenés vos que te perdes en Praga y podés preguntar, yo la última vez que me perdí estaba en José León Suárez, y ahí si que no conviene preguntar.
    Espero mas posts de Praga, un beso.
    PD: Me quedé con ganas de leer "Kerouac" y "Hornby".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ahora si! Esto se completa con tu presencia.
      Me encantan los trenes, pero no puedo evitar exprimir hasta el último centavo.
      A mi me pasa lo mismo, tanto perderme en el conurbano, eso fue la gloria misma.
      Praga vale la pena de principio a fin, tanto como sumergirse en las lecturas de Kerouac o Hornby. Aunque también podes cortar camino y ver algunas de sus historias hechas película: "On the Raod", del primero y "Un gran chico" protagonizada por Hugh Grant, del segundo. Y el clásico recurso de hablar de un libro...cuando solo vimos la película.

      Eliminar
  4. Esas salchichas picantes deben ser un gol...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son un tiro libre directo al estómago.

      Eliminar