domingo, 9 de septiembre de 2012

FIRENZE SOGNA


Hacía apenas una semana que estaba en la Reppublica, y ya había visto algunas de las creaciones mas asombrosos de la era moderna. No hay discusión.
Sin embargo quedaba un pendiente: el fútbol.
Tengo una relación ambivalente y extraña con el balompié. Ni siquiera soy hincha de un equipo, pero me interesa la cultura futbolística y no quería irme del país sin ir a la cancha.
Llegué un fin de semana a Firenze, pero no tuve suerte: la Fiorentina jugaba con el Milan…en Milan.
Pensé en el Batigol, en el catenaccio, en mi amado mundial 1990 y toda la tradición del calcio italiano que me perdería. Tampoco podría ver a sus jugadores, cuya fama de apuestos los precede, como ya se sabe.
Juventus estaba ganando todo y se consagraría campeón, lo que me hizo recordar a Alessandro Del Piero, ídolo del club, exponente de encanto.
Pero eso no opacaría mis días, está muy claro.


Alessandro del Piero
Que lindo ser hincha. Forza Juve!



El sol de Italia iluminaba un nuevo día, y las cosas se ponían demasiado perfectas para mí.
No solo estaba soñando despierta, sino que además me sentía cobijada, pues la ciudad es pequeña y abordable.
Firenze entonces, se presentaba ante mí no solo como la materialización de uno de los propósitos principales del viaje, sino como un “descanso” en términos de recorrido urbano.
Por eso, en los mails que mandaba, decía que me alegraba haberme ido de Roma -ciudad jodidamente hermosa- pues los estímulos recibidos allí eran difíciles de procesar.
Diez días antes estaba en mi departamento tratando de arreglar el depósito del baño, y de golpe, me ponía contenta abandonar una ciudad europea. 
Algunas personas no tenemos remedio.
La cuestión es que amanecí, vi el cielo impecable y salí a recorrer la ciudad, empezando por los palacios.
Elegí el Medici Riccardi, por supuesto. Necesitamos ir a sitios con fama legendaria,y además allí dentro hay un tesoro maravilloso: la pequeña capilla, en cuyas paredes está “El cortejo de los reyes magos” de Benozzo Gozzoli. Impecablemente conservada, una podría pasar horas viendo aquello. Si: una como yo.


Una de las escenas del fresco de Benozzo Gozzoli
Ya a esa altura solo quería hablar italiano, cambiar mi nombre a Benedetta o Raffaella, usar el apellido materno y olvidar que había nacido en la provincia de Buenos Aires. 
Como eso no era posible, di un largo paseo por el increíble centro histórico hasta encontrarme con mi partner chileno.
Los compañeros de viaje determinan el sitio en el que estás. La gente define el lugar. 
Yo en ese momento no lo sabía muy bien, pero ya confirmaría todo aquello, no mucho mas tarde.




La jornada nos llevo a perdernos por las pequeñas callecitas, hasta llegar a las orillas del Arno. Tuve claro que esos momentos serían muy difíciles de superar, sentí que la felicidad me alcanzaba por completo y que nunca podría describir mi paso por ahí sin caer en descripciones insuficientes.



Desplazándome impulsada por estado de elevación, mas que por el movimiento de mi cuerpo, me crucé con un monumento cargado de dramatismo y movimiento, tal vez uno de los mejores que ví:


Armas de fuego y emoción para unificar
la república

"A los fuertes que cayeron en 
Mentana..."
Sentí que la fortuna era eso: apoyar los pies en una de las ciudades mas hermosas y dejarme llevar por mi enajenación. La dicha me pertenecía.
Logré controlar mi estado de trance, de modo que mantuve conversaciones con Javi y retratamos algunos momentos:





Yo seguía calificando al lugar con adjetivos llenos de misticismo y enajenación, cuando emprendimos la subida a un sitio extraordinario: el Piazzale Michelangelo.
En ese lugar, que es la terraza panorámica mas famosa de Firenze, debían emplazarse las obras de Michelangelo, pero nunca se concretó.
Desde la altura vimos toda la ciudad.

Y entonces fue así: lo veía pero no terminaba
de creerlo 



Me resulto tan abrumador, que le dije a mi compañero "Sabes una cosa? Ninguna foto le puede hacer honor a esto, voy a guardar la cámara".
Con una sonrisa, me dijo que tenía razón. Un poco porque era verdad, y otro poco porque estaba soportando mis conversaciones sobre la importancia que tenía Florencia en la cultura universal, y entiendo que no quería contradecirme.
Los tulipanes del Piazzale, diseñado por
Giuseppe Poggi
Con Javi, un poco agotado por mis 
obsesiones renacentistas

Luego de mirar las flores, sentir el aire desde la altura y tratar de guardar todo eso en la memoria de un modo fidedigno, emprendimos el descenso.
En el camino de regreso hacia abajo, encontramos una casa preciosa.
Ahí me volví loca confirmando que había gente habitando la ciudad, y ver esa vivienda en un lugar tan mágico me dejó sin habla (como me sucedía todo el tiempo, ya lo se).
Me acerqué a la ventana y lo invité a Javi a fisgonear.
Era hermosa por dentro y por fuera. Y ambos estábamos de acuerdo en que vivir ahí era algo fuera de serie.   
Sin embargo, necesitaba afirmar que lo ideal no existe. Que cuando llegamos a lo que creíamos desear, no nos damos por satisfechos, por eso dije en voz alta "Sabes que? Esto es maravilloso, y para mi en este momento, el que vive acá es mas afortunado del mundo, pero seguro tiene problemas con los vecinos, odia muchas cosas de su vida, y tiene que llamar a un abogado para solucionar inconvenientes".
Mis palabras eran obvias, claro, pero tenia que decirlo para dejar de flotar por unos minutos.
Aunque estaba convencida que era mejor lidiar con la basura cotidiana desde ahí, pero a eso me lo guarde.
Seguía enajenada, pero la ciudad no dejaba de conquistarme:  

Hasta los desechos del Arno se veían como postales





2 comentarios:

  1. Punto 1: Juve no existissss.
    Punto 2: Aguante la Granata (Torino FC).
    Punto 3: Alessandro es de los "comechingones".
    Punto 4: Once tiene su encanto, sobretodo cuando llegás de noche en el Sarmiento.
    Punto 5: Una bicicleta en el Arno es arte, ¿un fitito en el arroyo Sarandí lo es también?.

    Por lo menos así lo veo yo.
    Arrivederci Benedetta/Raffaella.

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  2. No se por donde empezar.
    ¿Defiendo a Alessandro del machismo y la agresión?
    ¿Me reafirmo como hincha externa de la Juve?

    La bici en el Arno es poesía, y Once me ha dado tanto...

    Arrivederci caro mio!

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